Biografía

Fernando Casado, anunciado como El Magistrado, es cantante, locutor, actor e investigador musical dominicano. Levantó una carrera sobre una voz aterciopelada de bolerista y después dedicó buena parte de ella a algo bastante menos comercial: devolverle a la criolla, una forma dominicana que se había apagado, un sitio en el repertorio vivo del país.

La voz y el micrófono

Nació un 4 de marzo en San José de Ocoa y se crió en la capital. Estudió canto con el maestro Charles Guild e hizo sus primeras interpretaciones en programas de radio en vivo, y después hizo lo que hacía en los años cincuenta un muchacho con esa voz: se metió a locutor.

Leyó noticias en una emisora en español de Nueva York y pasó por casi todo el dial dominicano, hasta quedar como director del departamento de locutores y coordinador de programación de La Voz Dominicana, y más tarde dirigir otras dos emisoras. Luego se pasó a la televisión y mantuvo un programa con su propio nombre en tres canales distintos, uno de ellos fundado por él.

Esa doble carrera importa para lo que vino después. Un cantante que además maneja un micrófono y una programación puede poner un repertorio al aire, y eso hizo.

La criolla

La criolla es la canción romántica dominicana del siglo diecinueve, la música de trovadores como Raudo Saldaña y Antonio Mesa, y a mediados del veinte era más o menos una pieza de museo. Grabó Cartas y Lágrimas, Aquel Beso, Carmencita y Duvergé, y siguió cantándolas cuando nada en el mercado premiaba hacerlo.

Trabajó además como investigador y como escritor, cosa rara en un intérprete, y por eso el rescate cuajó. Estaba defendiendo una tesis sobre qué cosas incluye la música dominicana —el merengue y el bolero, sí, pero también la criolla, el son y los palos— y Juan Luis Guerra le dedicó el año pasado un texto largo a esa tesis.

Lo más raro de su discografía va aquí también: un dúo con Eduardo Brito. Brito murió en 1946, así que se armó por medios técnicos y no cantando juntos, y es exactamente el gesto de alguien que cree que el repertorio del diecinueve sigue siendo material vivo.

Festivales y lo demás

Representó al país en el festival OTI de la canción en España en 1972 con Siempre Habrá Una Sonrisa En La Luna, y quedó segundo en ese mismo festival en 1977 con Al Nacer Cada Enero. Ha cantado en el Carnegie Hall y salió en los grandes programas de variedades en español de la época, en Chile, en España y en el show mexicano que grabó una edición en La Romana.

Su repertorio atraviesa la buena canción dominicana del período. Grabó Una Primavera Para El Mundo, sobre un poema de René del Risco Bermúdez, y Por Amor, de Rafael Solano.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional lo declaró munícipe distinguido, y más tarde fue escogido para la reserva musical del país. Sigue trabajando, sigue dando entrevistas en su casa y sigue defendiendo lo mismo sobre la criolla.

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